Es como la esclavitud del corazón,
en sabanas de tinta china,
esperando con un brebaje incierto,
el dulce sabor de aquellas mujeres
sabias,
de esas que después de cada beso,
llegan con una pregunta diferente,
que hacen explotar la mente,
de cada farol que alumbra la esquina vaga
de mis pensamientos.
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